sábado, 20 de diciembre de 2008

Teiboleras pendejas...

Saludos a todos, mis anónimos lectores. Ahora que se acercan las fiestas decembrinas, mi intuición navideña me incitó copiosamente a que publicara algo muy ad hoc a estas fechas y exhortara a ustedes a practicar actitudes y sentimientos como el amor al prójimo o desprendernos de todas aquellas cosas materiales que nos nublan el espíritu y ser -como fuimos concebidos en nuestra esencia más pura- humanos, filántropos, entregados y fraternales con aquellos que entran en nuestras vidas.

Sin embargo, la parte más atroz y amarga de mí ganó la batalla espiritual y decidí, en lugar de eso, publicar algo de tintes un poco más sórdidos y entonces me puse a pensar: ¿qué es mejor que algo sensual y provocador? y la respuesta vino a mí como un destello brillante en medio de la penumbra: algo que pretende ser sensual y provocador, pero termina siendo sólo algo ridículo y humillante para el o la provocadora sensual en cuestión.
Tenemos, entonces, a todas esas decididas, dedicadas y delicadas féminas que, en un intento por satisfacer las ansias libidinosas de sus respectivos prospectos o parejas, se esfuerzan por aprender el socorrido arte del strip tease. Y nótese que, lejos de estancarse en mediocres intentos, ese tesón tan característico de nuestro género las impulsa a despegar los pies del suelo y alcanzar la elevación de su alma (y de su cuerpo) por medio de un tubo.
Pero el tesón no siempre es suficiente y la falta de maestría aunada a una torpeza tan natural que, más que pasajera, parece intrínseca las arrojan a lo más bajo de la humillación y el desencanto.

Aprendamos, pues, que aunque en la tele se vea muy fácil, no cualquier neófita advenediza puede dominar la elaborada disciplina que es el table dance. Veamos a las citadas advenedizas, a las cuales nos referiremos de hoy en adelante con el término acuñado por la Real Academia de la Lengua Española: teiboleras pendejas.



Cabe destacar que de acuerdo con los arduos estudios realizados por el equipo de científicos y colaboradores de Waiting for the Sun, se sabe que el nivel de sensualidad perseguido por estas teiboleras es directamente proporcional al grado de humillación a que se someten al fallar dichos intentos. Y aunque estas mujeres resultan sumamente torpes de manera autodidacta, hay quienes requieren de una iniciación instruida. Cuando la ilustración falla, viene una rotunda decepción frustrada que casi siempre desemboca en violencia, con frecuencia dirigida hacia el mentor que intentó educarnos... especialmente si éste último tuvo a bien reírse de nuestro dolor. Veamos.
Quise pensar en qué clase de moraleja se puede obtener de esto y lo único que pude pensar fue: si no sabes hacer algo, ni lo intentes.
Espero que este desidioso deseo navideño alcance lo más profundo de sus ansias meditativas y que esta haya sido una experiencia tan enriquecedora para ustedes como lo fue para mí. Feliz Navidad y ojalá Santa Claus les obsequie cosas grandes y caras.

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